Erich Larsson presenta su nuevo disco “Reproducción Extendida”, una obra que encuentra su eje en la experimentación sonora. Charlamos con el artista sobre el proceso creativo que dio origen a este nuevo trabajo de estudio.

  • Reportaje y texto: Julián Retamozo

Erich Larsson lanzó “Reproducción Extendida”, su nuevo disco de estudio. A lo largo del álbum, el uso del loop se consolida como herramienta central, permitiendo construir una narrativa en espiral donde los elementos se repiten, mutan y evolucionan.

Dialogamos con el músico misionero sobre la génesis de este nuevo disco.

¿Cómo nace el concepto de «Reproducción extendida»?

EL: El concepto aparece bastante ligado a la forma en la que empecé a trabajar las canciones. Había una intención de construir desde el loop, desde esa idea de repetición que no es estática sino que se va transformando con el tiempo. «Reproducción extendida» termina siendo casi una declaración de método: tomar una base y estirarla, habitarla, dejar que crezca en capas, en detalles, en pequeñas variaciones. No fue algo totalmente planificado desde el inicio, pero a medida que avanzaba el proceso, esa lógica empezó a conectar todo el material.

¿Cómo fue el proceso de producción del disco?

EL: Fue un proceso largo y bastante obsesivo. Arrancó en la computadora, muy desde lo digital, trabajando mucho en la construcción de bases y texturas. Después se trasladó al laboratorio de CANKI, donde seguimos explorando esa misma lógica pero sumando sintetizadores y una búsqueda más sonora en equipo. Y en una etapa posterior aparecieron las grabaciones orgánicas, sobre todo baterías y bajos, que le dieron aire, peso y cierta impronta más rockera. Siempre hubo un ida y vuelta entre lo digital y lo humano, que terminó definiendo bastante el carácter del disco.

Una característica del disco es la utilización del sampling, a nivel artístico ¿qué te permitió expandir musicalmente la utilización de esta herramienta?

EL: El sampling me permitió trabajar mucho más desde el detalle y desde la textura. Al tener una base que se repite, podés intervenirla constantemente, deformarla, resignificarla. Es una herramienta que te saca un poco de la lógica más tradicional de componer desde cero todo el tiempo, y te pone en un lugar más cercano a la edición, al collage. En este disco lo usé mucho para generar atmósferas, para sumar capas sutiles que quizá no son protagonistas pero que terminan construyendo el clima general.

Hace tiempo ya que residís en Nueva Zelanda, ¿cuánto aportó este país a tu música?

EL: Aportó muchísimo, sobre todo a nivel perspectiva. Estar lejos te cambia la forma de ver las cosas, te obliga a reconfigurar tu identidad y eso inevitablemente se filtra en la música. También hay algo del paisaje, de los tiempos, de cierta calma que convive con lo más introspectivo del proyecto. No sé si es algo explícito en el sonido, pero sí en la forma de encarar el proceso creativo y en el espacio mental desde donde surgen las canciones.

Es tu tercer material de estudio, ¿qué evolución notás en relación a tus trabajos anteriores?

EL: Siento que hay una evolución hacia un lugar más honesto y más arriesgado. En los trabajos anteriores quizás estaba más enfocado en la canción como estructura; acá hay una búsqueda más ligada a la textura, al clima, a la construcción progresiva. También hay un cambio en lo narrativo: menos primera persona, más apertura a lo ambiguo, a lo poético. Es un disco menos «correcto» en términos formales, pero mucho más propio.

¿Qué es lo próximo que se viene?

EL: La idea es llevar este material al vivo y ver cómo se transforma en ese contexto, que siempre es otra instancia creativa. También estoy trabajando en nueva música, probablemente en formato de singles, siguiendo y expandiendo este universo sonoro. Y seguir colaborando con otros artistas, que es algo que siempre me nutre y me lleva a lugares nuevos.

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